En el presente artículo se tratará la Divinidad de Jesucristo [Ver artículo sobre Jesús, de próxima publicación], el Mesías enviado al pueblo de Israel para la salvación de toda la humanidad. Así mismo creemos que también es enteramente hombre [Ver artículo sobre la Humanidad de Cristo, de próxima publicación].El testimonio de los Apóstoles
También San Pedro habla de la Divinidad de Cristo:
La divinidad de Cristo no está sólo reflejada en el Nuevo Testamento, en el Antiguo Testamento, que no es más que el anuncio de la llegada de Cristo, aparece muchas veces prefigurado, en profecías y anuncios de su llegada.
"Después les dije: Si os parece bien, dadme mi salario; y si no, dejadlo. Y me pagaron treinta monedas de plata. Y el Señor me dijo: Echa al tesoro ese magnífico precio en que me han tasado." - Zac 11:12-13 -. El evangelio de San Juan, quien parece ser que fue el apóstol que mejor le comprendió en vida, comienza con un himno a Cristo Jesús, que comienza de ésta manera:
"...estaba con Dios y era Dios.", refieriéndose a Cristo no puede ser sino una distinción de las personas del Padre y del Hijo dentro de la misma y única divinidad. El Hijo es la Palabra, o el Verbo, que más tarde se encarnó de María para salvarnos y fué llamado Jesús.
AVANZADO
El testimonio de Jesús
La divinidad de Cristo es algo totalmente implícito en el conjunto del Nuevo Testamento. Por un lado Cristo, trata por todos los medios de esconder su mesianidad, como en Cesaréa de Filipo, donde pide a los apóstoles que no la revelen (-Mt 16:13-20-). Jesús evita el título de Mesías por las connotaciones político nacionalistas que implicaba, sin embargo no evita presentarse como "Hijo del Hombre" (título mesiánico poco comprendido en ese momento) y, al hablar del Padre, se presenta como su hijo en sentido único e intrascendente. Tan sólo cuando ya no le servirá de nada y no podrán "usarlo" políticamente, frente al Sanedrín, confesará su mesianidad:"'¿Eres tú el Mesias, el Hijo del Bendito [Dios]?' Jesús le dijo: '¡Yo soy!, y veréis al hijo del hombre sentado a la diestra del todopoderoso y venir entre las nubes del cielo'. Entonces el sumo sacerdote se rasgó las vestiduras y dijo: '¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Habéis oído la blasfemia...'" - Mc 13:62-63 -
"¡Yo soy!", Yahweh, el nombre de Dios; ésta es la blasfemia: hacerse igual a Dios. Más tarde, frente a Pilatos, vuelve a confesar: "'Tu lo dices, yo soy rey. Para eso nací y para eso he venido al mundo'. -Jn 18:37-".
Pero por otro lado sus acciones, palabras y gestos invitan a centrar en él el mensaje de Salvación. Jesús no es como Buda, Moisés o Mahoma, todos profetas que se limitan a mostrarnos una regla de comportamiento, un camino de salvación que, en última instancia, funcionaría sin ellos; Jesús se presenta a sí mismo como "el Camino, la Verdad y la Vida. - Jn 14:6 -", Su propia persona es el camino de Salvación, no su doctrina, ni su ejemplo, ni la potencia divina operante a través de él. Jesús no da comienzo a una filosofía o movimiento religioso, se presenta Él mismo cómo el mediador perpetuo, eterno, único, entre Dios Padre y los hombres.
Jesús nos pide tener siempre fe en Él (- Mt18:6 -), no en su mensaje ni en su doctrina. Él es la única vía a la salvación, de tal forma que "El que no está conmigo, está contra mi, y el que no recoge conmigo desparrama. - Mt 12:30 -", tan sólo una identidad divina puede decir esto. Cristo nos exige todo, "el que no carga con su cruz y me sigue no es digno de mi. - Mt 10:38 -", nos exige poner su amor por encima del de cualquier otro (- Mt 10:37 -), pues tan sólo podemos amar al prójimo como reflejo del amor que a Él profesamos (- Mt 25:40 -). Es tan sólo Él quien nos garantiza la vida Eterna (- Lc 9:24 -) si le seguimos. Y quíen crea en Dios ha de creer también en Él "No estéis angustiados. Creed en Dios, creed también en mi - Lc 14:1 -".
Los apóstoles han de perdonar los pecados "en su nombre" (- Lc 24:27 -), no hay que estorbar a quien obre mialgros "en su nombre" (- Mc 9:38 -) y, por supuesto, hemos de Bautizar "...en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo" (- Mt 28:19 -).
Lo primero que notamos de jesús es su acción sanadora; milagrosa, podríamos decir. Gran parte de su acción en su vida pública consiste precisamente en eso. Cuando los discípulos de Juan el Bautista van a preguntarle acerca de si Él era el Mesías, les responde: "Y les respondió: 'Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan...'" - Lc 7:22 -. La respuesta y actitud de Jesús, como no podia ser de otra forma, viene a confirmar aquello que dijo el profeta Isaías: "Decid a los pusilánimes: ¡Ánimo, no temáis! Mirad, es vuestro Dios; ya viene la venganza, la revancha de Dios; viene él mismo a salvaros. Entonces se abrirán los ojos de los ciegos, y los oídos de los sordos se abrirán. Saltará el cojo como un ciervo, la lengua del mudo gritará de júbilo, porque en el desierto brotarán corrientes de agua, y torrentes en la estepa..." - Is 35:4-6 -.
En el libro profético del Apocalipsis también podemos encontrar argumentos sobre la divinidad de Jesús si lo ponemos en relación a ciertos pasajes de Isaías, puesto que en - Is 44:6 - se puede leer: "Esto dice el Señor, rey de Israel, su redentor, el Señor omnipotente. Yo soy el primero y el último, no hay otro dios fuera de mi", donde vemos que Yahweh se atribuye a si mismo el título de "primero y último", reservado tan sólo a Él. Mientras que si leemos - Ap 22:13-16 - "Yo soy el alfa y la Omega, el principio y el fin. Dichosos los que lavan sus vestidos para tener derecho al árbol de la vida y a entrar en la ciudad por las puertas. Fuera los perros, los hechiceros, los impuros, los homicidas, los idólatras y todos los que aman y practican la mentira. Yo, Jesús, he enviado a mi ángel para testificar estas cosas acerca de las Iglesias". Aquí vemos claramente a Jesús otorgándose a sí mismo ese mismo título: o Isaías y San Juan se equivocan o Cristo es en verdad Dios mismo.
Así mismo existe un versículo sobre Yahweh que lo llama creador del cielo y de la tierra: "Esto dice el Señor tu redentor, el que te formó desde el seno materno: Yo soy el Señor, el que lo ha hecho todo; el que despliega, él sólo, los cielos; el que afirma la tierra sin ayuda alguna" - Is 44: 24 -. Y San Pablo de Tarso usa estos términos al referirse a Jesús: "...porque por él mismo fueron creadas todas las cosas, las de los cielos y las de la tierra, lo invisible y lo visible, tanto los tronos como las dominaciones, los principados como las potestades; absolutamente todo fue creado por él y para él." - Col 1:16-17 -. Otro claro ejemplo de la divinidad de Cristo, al atribuirle la creación del Universo, que corresponde tan sólo a Dios creador.
El testimonio de la Tradición
Para terminar y apuntalar toda la argumentación bíblica expondremos a continuación el pensamiento de los Padres de la Iglesia, como muestra de las creencias de los primeros cristianos y claro ejemplo de la Tradición:
"Ignacio, llamado también Teóforo, a la [iglesia] que ha sido bendecida en abundancia por la plenitud de Dios el Padre, que había sido preordenada para los siglos futuros para una gloria permanente e inmutable, unida y elegida en una verdadera pasión, por la voluntad del Padre y de Jesucristo nuestro Dios.."
Aqui puede verse cómo San Ireneo de Lyon, defendiendo la doble naturaleza de Cristo (Divina y humana), le atribuye títulos divinos como "Señor", "Dios" y "Verbo".
Como último testimonio y para abarcar algunos siglos más veamos la definición dogmática resultado del primer Concilio de Nicea, contra la herejía Arriana:
Fëanar













